El tiempo no se detiene, arrastra a la vida con él. Hablar de un Instante es intentar rebanar el tiempo, la historia, en un cierto punto de nuestra existencia. Intentar sentirlo y experimentarlo. El libro que voy a reseñar (Nota: Leyendo de nuevo esta “reseña”, me parece que hice algo más parecido a un ensayo xD) hoy realiza esta empresa con un propósito muy particular: Actuar de manera decisiva en su momento de la historia.

Autor: Søren Kierkegaard

Esta obra tiene una peculiaridad bastante interesante. En realidad, el libro como tal no fue autoría de Kierkegaard, sino una recopilación por parte de la editorial Trotta de una serie de revistas nombradas “El Instante” publicadas y firmadas del 24 de mayo de 1855 al 11 de Septiembre del mismo año, estas sí, por Kierkegaard, característica de los escritos que  demuestra su intención de actuar en el instante. Para comprenderlo mejor, ocupémonos en conocer ahora un poco del contexto en el cual se escribió.

A mediados del siglo XIX Dinamarca acababa de abandonar el absolutismo y adoptaba su primera Constitución democrática. Esto sucedió en 1848 y 1849 respectivamente. El Rey se convirtió en representante del poder Ejecutivo y se crearon dos cámaras, una representante de la nobleza anterior y la otra era representante del pueblo, especialmente de los intereses del pueblo agricultor. Sin embargo, a pesar de ceder ante las reformas liberales, el Estado Danés conservó una religión oficial: El cristianismo protestante Luterano. El Estado tenía una estrecha relación con la Iglesia, incluso tenía la autoridad para designar ministros, como menciona Kierkegaard en varios números de “El Instante”.  Esto disgustaba a Kierkegaard. La idea del cristianismo como una religión “por default” en su opinión debilitaba al cristianismo verdadero y fortalecía a la “cristiandad”, términos parecidos en apariencia, pero separados con vehemencia por nuestro autor. Explicaré luego sus diferencias.

La situación no era nueva, desde principios del siglo XVII Dinamarca se había adjudicado a la Iglesia Luterana como religión oficial. Lo que verdaderamente condujo a Søren Kierkegaard a escribir “El Instante” fue un hecho oportuno. Tras la muerte del Obispo Jacob P. Mynster (Enero de 1854), a quien Kierkegaard había conocido de cerca por diversas situaciones, su sucesor, el Obispo Hans L. Martensen, declaró en un discurso sobre él que realmente había sido un “Testigo de la Verdad”. Inaudito para Kierkegaard, pues consideraba a Mynster un hombre prudente pero de ninguna manera un digno exponente del cristianismo, entre otras cosas, por su falta de dedicación y pasión, inició una serie de publicaciones cuestionando la declaración y exponiendo sus opiniones acerca de la Iglesia Oficial y el verdadero cristianismo.

Así nació “El Instante”. Rodeado de polémica, en medio de una discusión acalorada entre Kierkegaard y la religión oficial. Estaba dirigido, sobre todo, a personas del pueblo. El propósito, encaminarlas a lo que él consideraba el auténtico cristianismo, desviarlas (o, para que no suene tan “feo”, despertarlas) de la religión oficial. Se podría decir que este trabajo “le costó la vida” puesto que fue lo último que hizo antes de fallecer, cansado por la batalla (de hecho, un mes antes de morir, se desvaneció en medio de la calle. Desde entonces su salud no se recuperó). La publicación #10 de “El Instante” no fue completamente editada y no salió al público, sin embargo, las notas de los artículos, encontradas en su escritorio, fueron incluidas como parte de “El Instante #10” en el libro.

Concretamente, ¿De qué habla “El Instante”? En el crepúsculo de la vida de Kierkegaard, este tendió hacia el pesimismo acerca del cristianismo y la sociedad europea en general. Sin embargo, su esperanza se mantuvo, pues nunca creyó al cristianismo verdadero totalmente extinto. En esto creyó hallar su misión como servidor de Cristo, en concientizar acerca del cristianismo “del Nuevo Testamento”. “El Instante” fue su principal herramienta para llevar a cabo esta tarea.

Primero, hablaré acerca de como realiza una distinción fundamental, ya mencionada antes, entre el verdadero cristianismo y la “cristiandad”. Para Kierkegaard, la “cristiandad” era el pseudo-cristianismo establecido oficialmente que practicaban los habitantes de Dinamarca, y ellos mismos, envueltos en él. Kierkegaard pensaba que si todos eran denominados cristianos, nadie lo era (si alguien conoce el meme de Síndrome, aquí es el momento de usarlo), ya que el cristianismo requería sufrimiento y persecución para ser aplicado. Por esto, y porque la “cristiandad” promovía la comodidad y la buena vida, señalaba a éste como una gran mentira, un intento de embuste a Dios, haciendo pasar el paganismo por cristianismo ergo haciendo al cristianismo desaparecer. Por el contrario, el cristianismo verdadero, al que el denominaba “del Nuevo Testamento”, era contra el mundo. Remaba contracorriente. Kierkegaard, en el libro, menciona que Dios es el peor enemigo del hombre en cuanto hombre, pues pide la propia renuncia.  Critica a los pastores y su modus vivendi, ejerciendo su profesión no como seguidores de Jesucristo, sino como empresarios buscando el siguiente puesto y trabajando por el dinero. En fin, critica a la Iglesia Oficial en general.

Algo curioso es que, aunque lo aplicó para su instante de historia, el propósito de Kierkegaard no era que su obra muriera con el instante. Quería que sus escritos resonaran en la cabeza de los que lo leyeran por el resto de su vida, y esa es su exhortación. Que se llevara a la práctica lo leído, que renaciera el verdadero cristianismo.

¿Calificación? ¿Cosas buenas o malas? Fuera de lo técnico, no puedo decir nada de esto. Este es un libro que permanece fiel a su propósito hasta el final, llevándolo a sus máximas consecuencias. Eso es algo que respeto en demasía. Creo que su eco, el eco del último grito de Kierkegaard, sigue resonando hoy en día. Si eres un cristiano/católico, te recomiendo ampliamente este libro, con las debidas reservas (pues, personalmente lo considero un poco extremista).

Por mi parte, resulta todo. Perdónenme si esto es poco parecido a lo que hago… pero decidí escribir y pues, esto nació. Así que, como hijo, lo acojo como es. 🙂

Dios les bendiga

Atte.

l’examinateur

Nota importante: Algunas de las partes de este escrito están basadas directamente en la presentación del Instante, especialmente las relacionadas con el contexto histórico de la obra. Agradezco entonces a André Roberto Albertsen, escritor de aquella presentación, por la información… aunque no lo conozca directamente ni tampoco en fotografía.

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